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La noche de un día difícil

Por Luz María Mastache


No hay día que no se llegue, ni plazo que no se cumpla.


Hoy, (como el título de una canción de los Beatles) es “La noche de un día difícil”.


Será la última vez que vea mi cuerpo tal cual estoy acostumbrada a verlo: sin cicatrices, completo…

Estoy de luto por mí, por una parte de mi cuerpo que me será arrebatada en un intercambio macabro con la muerte, si éste le es suficiente, ¡me dejará en paz!; de no ser así vendrá a reclamar un pedazo más.


En este camino sobran palabras de aliento “todo va a estar bien”, “Dios da sus batallas a sus mejores guerreros”, “es una prueba que trae consigo un aprendizaje”, “el cabello crecerá”, “una parte de tu cuerpo no te define” … Los entiendo, comprendo y empatizo yo he dicho exactamente lo mismo en situaciones similares ¿Qué más se puede hacer?


Soy creyente y tengo fe en las oraciones que se hacen por mí, muchas gracias a todos los que han encendido una luz de esperanza para mi

Hoy me bañé como cada mañana y pensé en todo el tiempo transcurrido… ¡Caray! Llegamos juntas a este mundo, crecimos juntas; jamás imagine ni en mis más locas pesadillas que debía renunciar a ti.


Me duele saber que la vida no nos dará más tiempo juntas te irás “joven” abandonando este barco y sin poder envejecer a mi lado; sin ti, mi cuerpo jamás volverá a ser el mismo, dejarás una gran parte vacía en mí, con una cicatriz que me acompañará el resto de mi vida como un fiel recordatorio de tu existencia y de lo mucho que me duele tu partida. Sé que no fue y nunca será mi culpa que esta circunstancia te haya elegido.


No te desprecio por haber tenido esa afección, ¡sería tonto!, antes bien, te admiro, sé que para ti estos meses fueron difíciles, cuánto tiempo luchaste sola, en silencio sin que yo me percatara de lo que sucedía, lamento profundamente no haberme cuidado mejor y haber procrastinado mi salud al confiar en un solo dictamen médico; luchaste mucho y podías haber seguido encapsulando ese mal pero, pese a intuir lo que sucedería me diste indicios para salvar el resto del barco, ¡Mil gracias!


Tratando de encontrar una explicación y al ser el lado derecho, el racional, en ti recayó mi ansiedad, mi estrés, mi frustración, en realidad no lo sé, pero trato de entenderlo y darme una explicación de ¿Por qué en ti?, ¿Por qué a mi?, ¿Por qué ahora?


Espero que entiendas que tenía que sacrificarte a ti para preservar mi vida.

Gracias por hacer que mis mamas se vieran atractivas, gracias por los escotes, bikinis y lo más importante ayudarme a cumplir su misión amamantando a mis hijos creando así un vínculo especial e inquebrantable.



Aunque en un futuro, ya que tu partida haya servido para ser declarada sana y exista la posibilidad de que alguien más (los expansores e implantes) ocupen tu lugar, te aseguro que jamás será lo mismo sin ti; quizá visualmente podrás ser sustituida pero mi mente siempre te recordará.



Querida bubi te extrañare, te agradezco ser parte de Luz María, te dejo ir con mucho amor. Despedirme de ti me duele y no sé cómo lo procese mi mente, alma, cuerpo y mi autoestima pero por encima de todo aquello que pueda llegar a pensar o sentir quiero seguir viviendo.





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